
San Joaquín, 21 de agosto de 2025.- En el mundo de las radios comunitarias, hay frases que se repiten con insistencia: “te paso un programa gratis”. Suena generoso, incluso solidario. Pero quienes trabajamos día a día en la radio sabemos que detrás de esa aparente oferta hay un trasfondo que revela la precariedad con la que se sostiene nuestro oficio.
Los inicios y los fondos concursables
Cuando comenzamos nuestra travesía hace más de veinte años, desconocíamos la existencia de los fondos concursables del Estado. Con el tiempo supimos de ellos: recursos destinados a apoyar la cultura, la música, los libros y a la sociedad civil. Varias radios postularon y algunos proyectos se financiaron gracias a esas líneas.
Pero esos fondos no siempre se tradujeron en apoyo real a las emisoras. Más bien, abrieron la puerta a nuevas tensiones: proyectos que, en lugar de colaborar, nos dejaron fuera.
Promesas que se diluyen
Recuerdo un episodio que grafica bien la situación. Un dirigente de una reconocida familia local, beneficiado con un fondo de educación previsional, se acercó a nuestra emisora. Hablamos de colaborar, de difundir contenidos. Pero cuando llegó el momento de concretar, nos dejaron fuera, como si esas conversaciones nunca hubiesen ocurrido.
No fue un caso aislado. Son escenas que se repiten en muchas radios comunitarias del país.
El costo que nadie ve
Quienes no están dentro del mundo radial quizás no dimensionan los gastos detrás de cada transmisión: internet, telefonía, derechos de autor, arriendo de espacios y equipos técnicos. A eso se suman horas de trabajo voluntario que rara vez se valoran.
Por eso, cuando llega un archivo con un programa “gratis”, sabemos que no lo es. Programarlo, mantenerlo al aire y sostener la infraestructura tiene un costo. No puedo decirle a nuestro proveedor de streaming: “te paso la programación gratis”, porque eso sería desestimar su trabajo. Entonces, ¿por qué organizaciones no gubernamentales, fundaciones o figuras públicas nos piden que hagamos lo mismo con sus programas?
Fondos que miran a otro lado
Muchos proyectos financiados con dinero público contemplan líneas de difusión. Sin embargo, los recursos suelen irse en redes sociales, volantes o merchandising, dejando a las radios comunitarias al margen. La paradoja es evidente: quienes realmente pueden llevar esos mensajes a la comunidad quedan relegados a receptores de programas ajenos.
La decisión de Radio San Joaquín
En nuestra emisora tomamos una postura clara: no emitir programas externos. Preferimos apostar por producción propia antes que aceptar el espejismo de lo “gratis”. Porque detrás de cada transmisión hay un esfuerzo económico y humano que merece ser reconocido. Salvo con aquellos colaboradores cuyos programas no tienen un fin comercial, por lo tanto nosotros no cobramos por el espacio
Una discusión pendiente
Hoy, las radios comunitarias seguimos transmitiendo en un escenario de precariedad estructural. El desafío es abrir la conversación sobre cómo se valoriza nuestro trabajo y cómo se establecen relaciones de colaboración verdaderamente justas.
La radio comunitaria no puede ser vista solo como un recurso de difusión para proyectos ajenos. Es cultura, es comunicación, es memoria viva de los barrios. Y merece ser sustentada con dignidad.
Jaime Oyaneder Ramírez