
San Joaquín, 10 de septiembre de 2026.- La inteligencia artificial ya puede generar imágenes, logos y piezas gráficas en cuestión de segundos. Sin embargo, para Carlos Oyarzún, jefe de carrera de Diseño Gráfico de Santo Tomás San Joaquín, esta transformación no significa necesariamente el fin de la profesión, sino un cambio profundo en la manera de ejercerla.
En conversación con Radio San Joaquín en el programa Santo Remedio, Oyarzún explicó que uno de los principales desafíos para quienes estudian o ejercen diseño gráfico es comprender que la profesión actual está muy lejos de la imagen tradicional asociada únicamente al dibujo, los logos o los afiches.
“Un diseñador gráfico es un comunicador visual. Nosotros comunicamos a través de la imagen”, explicó el académico, destacando que el trabajo puede involucrar estrategias comunicacionales, identidad corporativa, fotografía, interfaces, contenidos digitales y otras especialidades.
El diseño está presente donde muchas veces no lo vemos
Uno de los ejemplos planteados durante la conversación fue la señalética. La tipografía, los colores y la distribución de los elementos pueden determinar si una persona logra orientarse correctamente dentro de un espacio.
Lo mismo ocurre con las marcas. Según Oyarzún, una identidad corporativa no se limita al logotipo, sino que incluye distintos aspectos de la relación entre una organización, sus trabajadores, proveedores y clientes.
El diseño también participa en la experiencia que tienen las personas al utilizar una aplicación, comprar un producto o recorrer un supermercado. En este último caso, incluso la distribución de los espacios puede estar pensada para generar determinados recorridos y estímulos visuales.
En el mundo digital, además, aparecieron nuevas especialidades. El académico explicó la diferencia entre quienes trabajan en UX, vinculados a la experiencia del usuario, y quienes se enfocan en UI, es decir, en la interfaz y en cómo se presenta visualmente una aplicación.
Estos profesionales pueden integrarse a equipos junto a programadores, periodistas, psicólogos y antropólogos, entre otros especialistas.
La inteligencia artificial entra al trabajo cotidiano
La discusión cambia cuando aparece la inteligencia artificial. Hoy existen herramientas capaces de producir imágenes y ejecutar en segundos tareas que anteriormente podían tomar varias horas.
La IA puede automatizar procesos, pero no necesariamente reemplaza la estrategia, la emoción y la comprensión del usuario que requiere una comunicación visual.
Oyarzún explicó que utiliza estas herramientas para actividades como brainstorming, generación de ideas, análisis de datos e investigación. También destacó que pueden facilitar la segmentación de públicos y permitir procesos que anteriormente tenían costos elevados.
Uno de los ejemplos más concretos está en la edición de imágenes. Tareas como eliminar fondos de fotografías, que durante años requirieron un trabajo manual considerable, actualmente pueden realizarse mediante funciones automatizadas.
Pero el académico también identifica una limitación: las imágenes generadas por IA pueden terminar siendo similares entre sí y carecer de una conexión emocional específica con una marca.
“Le falta algo: una emoción”, planteó al referirse a uno de los desafíos que todavía enfrenta este tipo de tecnología.
¿Puede la IA reemplazar al diseñador?
Para Oyarzún, la pregunta no debería limitarse a si la inteligencia artificial reemplazará o no a los diseñadores. La discusión también pasa por cómo los profesionales incorporarán estas herramientas a su trabajo.
El escenario plantea además dilemas relacionados con la ética, los derechos de autor y la manipulación de imágenes. El académico sostuvo que, al igual que otras herramientas tecnológicas, la inteligencia artificial enfrenta un proceso que eventualmente requerirá regulaciones.
También existe una preocupación ambiental asociada a la infraestructura necesaria para mantener los sistemas de IA funcionando, debido a los recursos requeridos por los grandes centros de datos.
Nuevas áreas para quienes estudien Diseño Gráfico
El campo profesional que describió Oyarzún incluye áreas como fotografía, ilustración, animación, modelado 3D, diseño editorial, diseño web, packaging, experiencia de usuario e interfaces.
Las redes sociales también se transformaron en un espacio laboral relevante. Los diseñadores pueden participar en la gestión de contenidos y en la comunicación visual de marcas.
Para quienes buscan trabajar de manera independiente, internet amplió además el mercado disponible. Un diseñador, ilustrador o modelador 3D puede ofrecer sus servicios a clientes fuera de Chile.
“Si tú eres un buen ilustrador o eres un buen diseñador (…) el mercado es el mundo, no es Chile”, señaló Oyarzún.
Creatividad y aprendizaje permanente
En ese contexto, estudiar Diseño Gráfico en 2027 supone enfrentarse a una profesión en permanente transformación. El desafío, según el académico, es mantener la capacidad de aprender y adaptarse a nuevas tecnologías.
La formación también requiere desarrollar un amplio capital cultural. Oyarzún recomendó a los futuros diseñadores consumir cine y productos audiovisuales, visitar museos, observar su entorno y relacionarse con distintas personas para alimentar su lenguaje visual.
La inteligencia artificial puede contribuir a generar ideas, pero el criterio para decidir qué funciona y por qué continúa siendo parte central del trabajo profesional.
El futuro del diseño gráfico
De cara a los próximos años, Oyarzún anticipa una profesión diferente a la actual. Entre los desafíos menciona también el diseño asociado a la responsabilidad ambiental, particularmente en áreas como el packaging y el desarrollo de productos con menor impacto.
La conversación deja así una idea central: el diseñador gráfico del futuro probablemente no hará exactamente el mismo trabajo que realiza hoy. La profesión seguirá incorporando herramientas tecnológicas y nuevas especialidades, pero mantendrá como eje la capacidad de comprender problemas, comunicar visualmente y conectar una marca con las personas.
Para quienes evalúan estudiar la carrera de cara a la admisión 2027 de Santo Tomás, el escenario no aparece como un cierre de oportunidades, sino como una invitación a prepararse para un mercado donde creatividad, tecnología y adaptación tendrán que convivir.
Jaime Oyaneder Ramírez











