La despedida de Patita Ferrada, histórica auditora de Radio San Joaquín

Una tarde de radio bastó para que una voz del pasado volviera a hacerse presente. A través de su nieto, Patita Ferrada regresó simbólicamente a Los recuerdos de la vieja vitrola, programa que durante años acompañó sus tardes y sus llamados.

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San Joaquín, 29 de agosto de 2026.-Hay voces que uno aprende a reconocer sin haber visto jamás el rostro de quien está al otro lado del teléfono. Durante años, esas voces forman parte de la vida cotidiana hasta que, un día, dejan de llamar. Esta es la historia de una de ellas: Patita Ferrada, una histórica auditora de Radio San Joaquín.

Esta tarde volví a hacer Los recuerdos de la vieja vitrola, un programa que tiene casi tantos años como la propia radio. Lautaro Araneda no pudo venir y, como yo ya estaba en la emisora, tuve la oportunidad de sentarme nuevamente frente al micrófono y hacer aquello que durante tantos años disfruté: conversar, escuchar y acompañar a quienes están al otro lado del receptor.

El programa tiene una historia especial para mí. Hubo una época en que lo hacía casi todos los días. Todavía trabajaba en la imprenta y, muchas veces, después de terminar mi jornada, me iba directamente a la radio. Era cansador, pero la música, el tango y el encuentro con la audiencia hacían que valiera la pena.

En esos años incluso nació una idea que terminó reuniendo a cientos de auditores: un club de amantes del tango. Comencé a registrar a quienes llamaban y querían formar parte, hasta alcanzar el número 500 integrantes. Eran personas unidas por la música y por ese espacio que habíamos construido alrededor de la radio.

Con el tiempo, por razones de fuerza mayor, dejé de hacer el programa en directo con la frecuencia de antes. Pero cada vez que vuelvo al micrófono, algo se activa nuevamente.

La fórmula sigue siendo sencilla: un saludo, un tango conocido, algún comentario y esperar. Tarde o temprano llega una llamada, un mensaje de WhatsApp o una dedicatoria. Y entonces aparecen las historias.

Esta vez llegó el mensaje de Vicente Quezada, vecino de la comuna. Me contó que era nieto de Patita Ferrada, una mujer que durante muchos años escuchó Radio San Joaquín y que me llamaba con frecuencia.

“Soy nieto de la Patita Ferrada. Ella siempre lo escuchaba y lo llamaba siempre. Tristemente ella partió este año y quiero dedicarle una canción que se llama Por una cabeza, de Carlos Gardel, que le encantaba Gardel a ella”.

Le pregunté cuándo había partido. Vicente respondió: el 2 de mayo de este año.

Entonces comprendí que aquel mensaje no era uno más.

Nunca conocí personalmente a la Patita Ferrada. Nunca vi su rostro. Pero durante aproximadamente veinte años conocí su voz. Una voz dulce que aprendí a reconocer inmediatamente al otro lado del teléfono. Me decía “hijo” y tenía conmigo un cariño que muchas veces me sorprendió.

Yo solo hacía radio. Ponía canciones, conversaba y acompañaba. Pero quizás eso sea precisamente la radio: uno nunca sabe hasta dónde puede llegar una voz.

Recordé sus tangos preferidos. Por supuesto, Carlos Gardel. También Esta noche me emborracho, en la versión de Francisco Canaro, que a ella le gustaba especialmente.

Mientras hablaba frente al micrófono aparecieron también otros nombres: la señora Nelly, la señora Gladys, Amanda Luisa, mi querida Susana Carrasco y tantos otros auditores que durante años fueron parte de esta radio y que hoy ya no están.

Son personas que quizás nunca conocimos fuera de la radio, pero cuyas voces aprendimos a reconocer. Personas que llamaban para pedir una canción, contar una historia, enviar un saludo o simplemente conversar un rato.

Hay afectos que solamente pueden existir en la radio. Afectos construidos sin vernos, sin fotografías y sin abrazos. Una voz de un lado, otra voz del otro y una canción que muchas veces termina haciendo de puente.

Por eso la noticia de la partida de la Patita me afectó. No era una amiga a la que hubiera conocido personalmente, pero era una voz familiar que durante dos décadas estuvo ahí. Y cuando Vicente me contó que había partido en mayo, sentí que recién entonces me estaba enterando de una despedida que había ocurrido meses atrás.

No pude evitar que los ojos respondieran al recuerdo.

Puse Por una cabeza, de Carlos Gardel, como ella lo pidió a través de su nieto. Y durante unos minutos, Patita Ferrada volvió a estar en la radio.

Quizás la vida sea un poco como un tango. Tiene encuentros y despedidas, alegrías y decepciones, amores intensos, traiciones y nostalgias que aparecen cuando menos los esperamos.

También tiene esas voces que un día dejan de llamar, pero que permanecen en nuestra memoria.

Los recuerdos de la vieja vitrola nació hace casi tantos años como Radio San Joaquín. En todo este tiempo han cambiado las tecnologías, las formas de escuchar y las maneras de comunicarnos. Pero algo permanece: una persona hablando frente a un micrófono y otra escuchando desde algún lugar.

Hoy la Patita Ferrada volvió a la radio.

Volvió a través de su nieto, de un recuerdo y de una canción.

Y yo tuve la posibilidad de hacer nuevamente aquello que hice tantas veces cuando todavía salía de la imprenta para venir corriendo a la radio: sentarme frente al micrófono y poner música.

Solo que esta vez entendí, con un poco más de claridad, que aquellas canciones nunca fueron solamente canciones.

También eran una manera de acompañarnos.

Y algunas veces, muchos años después, son la única manera que tenemos de volver a escuchar a quienes ya no están.

Porque hay voces que dejan de sonar en el teléfono, pero nunca dejan de sonar en la memoria.

Jaime Oyaneder Ramírez