EE.UU., Venezuela y el nuevo orden mundial: qué cambió con Trump y por qué importa

La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses abrió una etapa inédita en la política de Washington hacia Venezuela, Cuba, Irán e Israel, acelerando un reordenamiento global donde el poder ya no está concentrado en una sola superpotencia.

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Ilustración IA – OpenAI (DALL·E), elaboración propia Radio San Joaquín.

San Joaquín, 13 de enero de 2026.- La madrugada del 3 de enero de 2026, Estados Unidos lanzó la operación “Absolute Resolve” contra objetivos militares en Venezuela y logró capturar al presidente Nicolás Maduro y a Cilia Flores, trasladándolos a Nueva York para ser juzgados en tribunales estadounidenses. Donald Trump presentó la ofensiva como una “acción histórica” para terminar con el chavismo, frenar el narcotráfico y “recuperar” el petróleo venezolano para las empresas de su país.

En sus declaraciones, el mandatario afirmó que Estados Unidos “dirigirá” Venezuela hasta que exista una “transición segura, adecuada y juiciosa”, dando a entender una presencia prolongada en la política y la economía del país caribeño. “El dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado”, advirtió Trump tras la operación.

Voces de rechazo: Lula, Petro, Boric y más

La operación generó una ola de condenas entre los principales líderes de la región.

Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, fue uno de los más contundentes: “Los bombardeos en territorio venezolano y la captura de su presidente han traspasado una línea inaceptable. Estos actos representan una grave afrenta a la soberanía de Venezuela y sientan un precedente extremadamente peligroso para toda la comunidad internacional.” Además, advirtió que “esta acción recuerda los peores momentos de injerencia en la política latinoamericana y caribeña y amenaza la preservación de la región como zona de paz”.

Gustavo Petro, presidente de Colombia, expresó su “profunda preocupación” y reafirmó el compromiso de su país con “los principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, en particular el respeto a la soberanía y la integridad territorial de los Estados, la prohibición del uso o la amenaza del uso de la fuerza, y la solución pacífica de las controversias internacionales”. Su gobierno activó medidas preventivas para proteger la frontera colombo-venezolana y atender posibles crisis humanitarias o migratorias.

Gabriel Boric, presidente de Chile, manifestó su “preocupación y condena” por las acciones militares y llamó a buscar una salida pacífica: “La crisis venezolana debe resolverse mediante el diálogo y el apoyo del multilateralismo, y no a través de la violencia ni la injerencia extranjera.”

Xiomara Castro, presidenta de Honduras, calificó la operación como una “agresión militar” y la captura de Maduro como un “secuestro”, enfatizando que estos eventos constituyen “una afrenta a la soberanía de los pueblos de América Latina y el Caribe”.

Desde Cuba, Miguel Díaz-Canel denunció lo que calificó como un “criminal ataque de EE.UU. a Venezuela” y exigió una respuesta urgente de la comunidad internacional: “Nuestra América está siendo asaltada. Terror de Estado contra el bravo pueblo venezolano y contra nuestra América.”

Voces de apoyo y división regional

No todos los gobiernos latinoamericanos condenaron la intervención. Argentina, bajo el gobierno de Javier Milei, celebró la operación con un mensaje directo: “¡Viva la Libertad!”, alineándose con Washington y calificando a Maduro como un dictador cuya salida era necesaria.

Esta división refleja la polarización política que atraviesa la región, donde gobiernos de izquierda y centroizquierda rechazan la injerencia militar mientras sectores de derecha ven en la operación una oportunidad para terminar con el chavismo.

Analistas: un precedente peligroso

Expertos internacionales coinciden en que la operación marca un punto de inflexión.

Brenda Estefan, analista internacional mexicana, señaló que “todas las señales estaban ahí” y que la intervención no era inesperada, dados los movimientos militares previos de EE.UU. en el Caribe y el discurso amenazante de Trump. Para ella, el ataque es también “un mensaje de alerta para México y los demás países de América Latina, incluidos los afines al trumpismo”.

Según el análisis de Politico, los ataques representan “una importante victoria para los halcones de la política exterior en el gabinete de Trump”, incluyendo al secretario de Estado Marco Rubio y al jefe del Pentágono Pete Hegseth, quienes impulsaron la presión máxima contra Venezuela en nombre de derrocar a un líder que denunciaron como “un narcotraficante autoritario”.

El mismo medio advierte que la operación constituye “una descarada escalada de la intervención estadounidense en un país extranjero” y que “sirve como colofón ideal para el primer año de Trump en el poder, marcado por una participación mucho mayor en conflictos extranjeros de lo que predijo el candidato Trump o el primer mandato de Trump”.

Venezuela, Cuba y el mapa del petróleo

Venezuela no fue elegida al azar: posee una de las mayores reservas de petróleo del mundo y, en los últimos años, había estrechado lazos energéticos y militares con China, Rusia e Irán. Para la Casa Blanca, controlar el petróleo venezolano significa reducir la influencia de esos rivales en América Latina y asegurar suministro a compañías estadounidenses.

Al mismo tiempo, Washington busca cortar el cordón umbilical entre Caracas y La Habana: durante años, Venezuela envió petróleo subsidiado a Cuba, ayudando a sostener a un gobierno golpeado económica y socialmente. Hoy, Trump amenaza con sanciones más duras y con bloquear cualquier flujo de crudo hacia la isla.

Irán e Israel: ecos de Caracas en Medio Oriente

La operación en Venezuela también tiene lectura en Medio Oriente. Caracas era un aliado clave de Teherán: compartían proyectos energéticos, cooperación militar y un discurso común contra Estados Unidos. Golpear al chavismo significa recortar una plataforma de apoyo para Irán en el continente americano.

Israel observa el movimiento como un mensaje directo a Teherán. Si Trump se atrevió a capturar a un presidente en funciones en América Latina, podría estar dispuesto a usar más fuerza contra el gobierno iraní.

Cómo cambia el orden mundial

Mientras Estados Unidos recurre al poder militar para mantener su peso en el mundo, otro proceso corre en paralelo: el avance de la multipolaridad. El bloque BRICS se amplió a nuevos miembros y hoy habla en nombre de un “Sur Global” que reclama más voz en la economía y las decisiones internacionales.

En sus cumbres recientes, los BRICS han impulsado alternativas al dólar, bancos de desarrollo propios y mayores intercambios en monedas locales, buscando reducir la capacidad de Estados Unidos para usar sanciones financieras como arma política. Cada intervención como la de Venezuela alimenta el discurso de estas potencias emergentes, que acusan a Washington de violar el derecho internacional.

Lo que viene: riesgos y dudas

El nuevo escenario abre preguntas difíciles. ¿Se limitará la intervención a Venezuela o veremos presiones y operaciones contra Cuba, México o Colombia en nombre de la “lucha contra los carteles”? Con duras amenazas dirigidas a toda la región, Trump y su equipo dejaron en claro que Venezuela podría ser solo el comienzo.

Para las sociedades latinoamericanas, el desafío es doble: defender la democracia frente a gobiernos autoritarios y, al mismo tiempo, resistir soluciones militares externas que suelen traer más inestabilidad que certezas